Violencia de género


En el año 2015, las estadísticas sobre las víctimas de violencia de género en España continúan siendo desoladoras. El 25,4% de las mujeres jóvenes ha padecido violencia de género. El 12,5% de las ciudadanas españolas mayores de 16 años ha sufrido violencia de género alguna vez en su vida y el 2,7% la ha padecido en el año 2015, según una macroencuesta encargada al Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.


Las consecuencias que la violencia de género provoca en las víctimas y en sus hijos/as son graves y es necesario e imprescindible comenzar lo antes posible un tratamiento psicológico, tanto para poner freno a la violencia como para recuperarse completamente de las secuelas que produce. Existen creencias erróneas generalizadas que culpabilizan a la víctima de la violencia con argumentos del tipo: “sufre maltrato porque es masoquista", "tiene una pobre imagen de sí misma o baja autoestima", "es sumisa o adopta actitudes de aceptación de los roles tradicionales de género”. Sin embargo, se han desarrollado estudios de personalidad para buscar aspectos comunes en estas mujeres y, en realidad, parece que todas estas características no son causas sino consecuencias del maltrato.


La Teoría de la Indefensión Aprendida (Leonor Walker, 1979) explica como la mujer ante una situación de violencia genera la expectativa de la incontrolabilidad de la situación debido a las experiencias aversivas e incontrolables repetidas en el tiempo. En este punto la motivación para buscar una solución a la violencia cae.


El síndrome de la mujer maltratada, definido por Walker y Dutton, es una adaptación a la situación aversiva caracterizada por el incremento de la habilidad de la persona para afrontar los estímulos adversos y minimizar el dolor. Además, se presentan distorsiones cognitivas, como la minimización, la negación o la disociación, relativas al cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al mundo. Marie-France Hirigoyen describe una fase inicial en el síndrome de la mujer maltratada en el que la mujer está confusa y desorientada, llegando a renunciar a su propia identidad y atribuyendo al agresor aspectos positivos que la ayudan a negar la realidad. Se encuentran agotadas por la falta de sentido que el agresor impone en su vida, sin poder comprender lo que sucede, solas y aisladas de su entorno sociofamiliar y en constante tensión ante cualquier respuesta agresiva de su pareja.


También pueden desarrollar síntomas del trastorno de estrés postraumático, sentimientos depresivos y de rabia, baja autoestima, culpa y rencor, vergüenza, apatía, disfunciones sexuales, conductas adictivas y dificultades en sus relaciones personales. Estas mujeres tienen dificultades para dormir, con pesadillas en las que reviven lo pasado, están continuamente alerta, hipervigilantes, irritables y con problemas de concentración. Además, el alto nivel de ansiedad les genera problemas de salud, alteraciones psicosomáticas, y pueden aparecer cuadros depresivos importantes.


El tratamiento que se proporciona en D-espacio Psicología pasa por ofrecer a las víctimas atención integral, psicológica, jurídica y social. Se desarrolla un plan estratégico que disminuya el nivel de peligrosidad y aumente la protección de la mujer. Además, la intervención se enfoca principalmente en empoderar a la víctima y en proporcionarle un espacio de reflexión y de escucha activa. Se trata de generar una relación de confianza y aceptación que predisponga al desahogo y promueva el fortalecimiento psíquico de la mujer.